No existe palabra que no nos conecte, aunque sea un ápice, con la esencia de lo que somos. No hay palabra desocupada e innecesaria. No obstante, a veces, las denostamos, quizá porque nos reflejan en exceso.
La Literatura y la Gestalt me han enseñado a rescatar las palabras de “mala prensa”. Y a darles un lugar entre las líneas de mi vida.
Esta página pretende ser integradora de “palabras de mala prensa”. Puedes participar en ella escribiendo sobre alguna que hayas “rescatado”: palabras “salvadas”. Podemos asomarnos juntos al otro lado de las palabras.
Sobre esta tendencia del ser humano a distanciarnos de aquello que no deseamos que sea visto (bien guardándolo en un trastero poco (o nada) iluminado o vistiéndolo de ropajes carnavalescos) trata extensamente la Literatura y la Gestalt.
La Literatura nos da cuenta de ella en “La vida de Lazarillo de Tormes” (publicado por primera vez en 1554) :

“Y acuérdome que estando el negro de mi padrastro trebejando con el mozuelo, como el niño vía a mi madre y a mí blancos, y a él no, huía dél con miedo para mi madre y, señalando con el dedo decía: “¡Madre, coco!”. Respondió él riendo: “¡Hideputa!” Yo, aunque bien muchacho, noté aquella palabra de mi hermanico y dije entre mí “¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros, porque no se ven a sí mismos!”.
Comienzo haciendo referencia a una de las palabras, cuyo rescate me resultó conmovedor. La pude integrar en mi vida después de que Galdós la utilizara como título en una de sus novelas: “Tormento”. Desde que leyera su novela, ya nunca la he vuelto a pronunciar de igual manera.
Yo, hoy, quiero rescatar la palabra “rechazo”. La Gestalt la llamaría “proyección” (colocamos en el otro algo que es nuestro y que, por alguna razón, no podemos mirar ni sostener; le damos a lo que está fuera una parte de nosotros mismos). Como hace el hermanastro de Lázaro, en ocasiones, nos puede resultar ajeno algo tan propio como el color de nuestra misma piel. Nos asustamos del otro y de lo que nosotros somos. Y dejamos de tener contacto con ambos. Reconocernos en el otro (recuperar la proyección) puede ser algo traumático y doloroso, pues no existe dolor más terrible que el de nuestra propia herida.
Y así, “rechazo” alcanza su mala prensa, tanto como “enemigo”.

Quiero rescatarla. Acepto la invitación del “enemigo”, acepto en el rechazo la oportunidad de recuperar algo que me pertenece, y que me constituye íntegramente. Más a menudo, cuando insulte a alguien, cuando alguien me produzca un especial enojo o despierte en mí un sentimiento de rechazo… me daré unos minutos para escuchar de su silencio la invitación a apropiarme de lo que es mío. Aceptaré la generosidad que me brinda el “enemigo”.
(Sin olvidar nunca que, a veces, una mancha tan sólo es una mancha).
En ocasiones el rescate de palabras puede ser sorpresivo e inesperado. Se trata de permanecer alerta para poder aceptar la invitación que nos ofrecen.
Escribí la palabra “masturbación” en mi libreta de clase y, rápidamente descubrí por qué era una palabra tabú. (Ni siquiera hemos inventado un eufemismo para nombrarla).
Junto con los apuntes del sintagma nominal, el texto argumentativo y las fechas de los últimos exámenes, quedaba francamente como un sacrilegio. Al mismo tiempo me di cuenta de que era una palabra cargada de un “gran significado”, y que no lograba pasar desapercibida en mi libreta. Me di cuenta de que existen palabras que tienen el honor o la desgracia de poseer un “gran significado”, y que casi siempre son relegadas de nuestra cotidianeidad. Dejamos de pronunciarlas, y cuando las arrastramos desde el olvido son como conjuros que despiertan los silencios. Las convertimos en palabras solitarias que acaban dándose placer a sí mismas.
Esta palabra, asiduamente arrinconada, me la rescató ya hace tiempo un amigo cuando dijo que “La escritura y lectura de la poesía es como la masturbación: se hace en la más estricta intimidad”. Cierto es que el contexto era intempestivo por la hora y otros elementos, que no vienen al caso; pero me dejó perpleja que la palabra “poesía” y “masturbación” compartieran frase.
Desde aquel momento, desde aquel rescate convivo con la imagen de que la poesía es la masturbación del alma.






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