La página en blanco es un comienzo, el primer paso, la superficie sobre la resbalan las ideas como en una pista de hielo y las palabras se niegan a aparecer, escondiéndose en los pliegues más recónditos de la memoria… Hay quien la odia o la teme, a muchos les horroriza sus horizontes indefinidos e infinitos, porque la página en blanco es un camino al que no se le conoce el final… una puerta abierta a lo desconocido…

Hubo una vez un pintor que expuso un lienzo totalmente en blanco; un crítico se detiene ante él, mirándolo durante mucho tiempo con aspecto de profundo análisis. El autor, que lo ve, se acerca y le pregunta: “¿Qué opina…?” “¡Impresionante!… – Responde el otro. – ¡Bastante profundo!… ¿Cómo lo ha titulado?” “La huida de los israelitas de Egipto a través del mar Rojo. – Indica el artista.” “Y, ¿dónde está el mar?” “Hombre, – dice el autor con seguridad. – Dios, por intermedio de Moises, lo ha abierto en dos.” “Claro, claro – reflexiona el crítico. – ¿Y los israelitas?” El pintor le mira un tanto sorprendido: “Ya han cruzado… – Responde.” El crítico lo observa todo con mucho más interés, y al rato se atreve a preguntar: “¿Y los egipcios…?”  “¡Por favor! – responde sorprendido el artista. – ¡Es evidente que todavía no han llegado!”

Eso es la hoja en blanco, como una huida a través de un mar, a través de un universo de imaginación y, por eso mismo, siempre habrá algo en ella que aterra, que intimida… porque no todo el mundo posee el valor suficiente para comenzar esa larga senda que no se sabe bien a dónde llevará.

Hace tiempo, cuando yo era feliz e indocumentado, como diría el bueno de Gabriel García Márquez, el cachondo de nuestro profesor de filosofía nos espetó, como examen, simplemente un tema a desarrollar: “DEFINICIÓN DE LA IMAGINACIÓN”. Todos, con lo mejor de nuestras voluntades y lo escaso de nuestro entendimiento, llenamos folios y folios de aburrida arenga sin saber muy bien de qué hablar; sin embargo, uno de nuestros compañeros, quien perpetraba los exámenes iluminado por el calor de varios carajillos previos, respondió: “No sé muy bien qué es la imaginación, pero conozco perfectamente en que consiste su ausencia y es simplemente esto: “…” Y dejó el resto de la página en blanco… El profesor, realmente impresionado por tanta osadía, le aprobó…

Sin embargo, yo discrepo, sí, no puedo estar más en desacuerdo con ambos, mi compañero y mi profesor, porque una página en blanco no surge por falta de imaginación, sino que la imaginación habita en ella, aún más, ella es la mejor metáfora de la imaginación.

Una página en blanco es la libertad, pues, una vez llena de palabras, va solamente en la dirección que se le indica. Decir que ella es la ausencia de la fantasía es como afirmar que en un violín no hay música y olvidarse de que la culpa no es del objeto, sino del sujeto.

Concluyendo, la página en blanco es una puerta abierta, sin más, que para cruzarla hay que tener un cierto grado de valentía, una pizca de desparpajo y bastante cara dura… porque ella es como una virgen en espera de un amante osado que sea capaz de hacerle conocer los placenteros recovecos del amor.

(Febrero 2011)

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